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En los más de seis años de privación de la libertad la ex presentadora antioqueña, el sentimiento de afecto desinteresado y el apoyo incondicional de sus amigos, le permitieron sortear un tornado de problemas que tiempo después encallaron en la orilla de la tranquilidad para despertar de una experiencia que jamás pensó vivir.

Avanzaba el año de 1988 y ver el noticiero 24 horas era todo un ritual: el informativo de mayor audiencia de la época, propiedad del excandidato presidencial Álvaro Gómez Hurtado, gozaba de la credibilidad y la seriedad informativa que reflejaban presentadores de la talla de Javier Hernández Bonnet y las jóvenes y bellas niñas Arango: Adriana y María Elvira.

Adriana estudiaba comunicación en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y muy joven llega a la presentación del programa ‘De boca en boca’ de Teleantioquia, donde su talento y credibilidad le abrieron paso para llegar al Noticiero de El Colombiano; ese acumulado de experiencias, tiempo después, la conduce a la fría Bogotá, para convertirse en la presentadora estrella de la franja noticiosa de mayor audiencia de la noche a nivel nacional.

Su llegada a la capital no fue fácil: en su natal Medellín quedó su familia, el recuerdo por el canal regional y la nostalgia de abandonar amigos de toda la vida; su carisma la acercó rápidamente a conocer valiosas personas –que, nunca imaginó-, años más tarde le darían una mano en ese trasegar difícil de la vida.

Ingresó al noticiero el 29 de mayo de 1988 y no obstante el frío de Bogotá, los pasillos del noticiero congelaban el ánimo y la incertidumbre se apoderaba de sus oficinas: ese día el dueño del informativo había sido secuestrado por el grupo guerrillero M-19; no se tenía noticia grande ni chica. Adriana, con ganas inmensas de trabajar, esperaba alguna orden, pero nadie le paraba bolas. Habló con María Isabel Rueda, directora del informativo, para saber sí se devolvía a su tierra y venía después. La respuesta: a trabajar, hay mucho qué hacer.

Era el inicio de una meteórica carrera marcada por el derrotero del éxito y la credibilidad. En 1996 cambia de formato pero no de medio: ingresa al magazín En Vivo, y junto a Darío Restrepo, conquista un espacio matutino con una manera de informar diferente, donde su personalidad y profesionalismo quedaron en el imaginativo colectivo de los televidentes y su cara jamás fue olvidada; quedó la impronta Adriana Arango.

En 2007 la vida no fue color de rosa. Empezó un espinoso camino que terminó en serios problemas. Como cualquier emprendedor, el proyecto era crecer en una empresa comercializadora de flores de exportación junto a su esposo, Javier Coy, pero la idea se marchitó en poco tiempo

“Con mi esposo teníamos una comercializadora internacional de flores colombianas y queríamos cultivar en la Sabana de Bogotá, era nuestro proyecto” . Es un recuerdo fresco; con su mirada fija hacia una pared de su apartamento revisa anaqueles imaginarios para reflexionar en qué se equivocaron.

El 6 de agosto de 2015 Adriana recupera su libertad. Desde entonces,  también liberó el alma y la pesadilla del descalabro de un proyecto que hoy deja espacio
para la reflexión.

Para crecer debían hacer una inversión tan inmensa como los propios cultivos: tenían que crear el montaje de los equipos y la compra de las plantas para originar las exportaciones directamente y obtener la mayor ganancia. Por eso acudieron a un grupo de amigos y familiares para el préstamo de dinero con cuantiosas sumas y cuya única prenda de garantía eran sus bienes personales y el patrimonio de la empresa, pero sobre todo su credibilidad, que al final se quedó sin ningún fundamento.

El dinero no pudo ser devuelto porque el préstamo que esperaban de la Bolsa Nacional Agropecuaria nunca salió. Por esos días se encontraban en pleno auge las famosas pirámides y las investigaciones y capturas en tal sentido no se hicieron esperar. En pocos meses, esa figura pública e imagen del otrora noticiero más importante de la noche se encontraba en un escándalo similar al del tristemente célebre cerebro de DMG, David Murcia Guzmán, y asociada con estafa; las demandas en contra de los Coy Arango no tardarían en llegar. El problema de iliquidez y cesación de pagos comenzó en agosto de 2007 y la intervención de su empresa en diciembre de 2008.

Foto: Tatiana Diaz

Para Adriana Arango el 28 de mayo de 2009 es una fecha imborrable: ese día queda privada de la libertad y empieza esa bifurcación de su existencia, porque atrás quedó esa vida que había vivido y mostrado a la opinión pública como un libro abierto, y ahora debía reinventar. Primero estuvo en detención domiciliaria durante cuatro meses, hasta el 16 de septiembre de ese mismo año, cuando una juez la revocó ese beneficio y ordenó en plena audiencia a los guardias del Inpec que la trasladaran de inmediato a la Reclusión de Mujeres de Bogotá y a su esposo a la cárcel La Modelo. Ahora su vida sería otra, incierta, indescifrable, temida y dolorosa desde un patio de la cárcel El Buen Pastor en Bogotá, pero no podía perder el rumbo. Afuera estaban sus hijos Juan Esteban, Mariana y Natalia, a quienes debió abandonar porque ese día finalmente nunca volvió a casa luego de la que imaginó sería una audiencia de rutina en su proceso penal.

Adriana Arango nunca imaginó que en un establecimiento carcelario encontraría personas especiales que se dejarían contagiar por su alegría y personalidad. Allí se dio cuenta que el mundo era otro y que ella era una mujer más privada de la libertad y despojada de los lujos y la fama.

Por nueve meses encontró en El Buen Pastor un nuevo entorno del que aprendió pero al que también le enseñó: se involucró en actividades de todo tipo como cursos de crecimiento interior, el coro carcelario, reinados, la celebración de la Navidad y la Semana Santa, y hasta la dirección de un periódico, proyecto que se convirtió en su granito de arena para que mujeres, que incluso siguen cumpliendo una pena, encontraran en ella un faro que dignificara esa vida que el destino por algún motivo les arrebató.

Pero las sorpresas para Adriana nunca pararon: el mismo cariño y amistad que había cosechado también fue recogido: sus amigos jamás la olvidaron e incluso personas que no conocía le hacían llamadas para ofrecerle afecto y detalles que nunca imaginó, como un señor anónimo que la llamó de Popayán y le dijo que tenía un regalo de navidad para su hija Natalia y que pronto se lo haría llegar.

Al elaborar esa larga lista de amigos le da miedo dejar a alguien por fuera y recuerda, con especial afecto, a la periodista Gloria Congote,quién falleció el 1° de enero de este año, y la bondad de María Elvira Arango, Lucía Esparza Baena, Diana Montoya, D’arcy Quinn, María Clara Gracia, Myriam Ortiz, Paula Jaramillo y Javier Hernández Bonnet, entre otros.En la comodidad de la sala de su casa recuerda con alegría que sus amigos y colegas del Noticiero 24 horas estuvieron con ella. Unos la llamaban, otros le llevaban mercados, ayudaban a pagar las cuentas de la casa, los aportes de salud y del sostenimiento de Natalia, la menor, y entre todos tejieron una red de solidaridad y apoyo, y una cadena de custodia para su familia que superó los límites de la gratitud y el afecto.

Esa libertad le ha permitido tener su cabeza puesta en actividades profesionales como quiera que trabaja desde su casa en la redacción de textos editoriales para diferentes publicaciones, contenidos en redes sociales, conferencias para empresas y free-press; ese bienestar ha sido el vaso comunicante para recuperar el tiempo perdido con sus hijos y reflexionar sobre el por qué suceden las cosas y cómo se deben afrontar de manera tajante y directa.

El 6 de agosto de 2015 Adriana recupera su libertad. Desde entonces, también liberó el alma y la pesadilla del descalabro de un proyecto que hoy deja espacio para la reflexión. Desde su salida de prisión Adriana ha enfrentado de forma positiva la vida y se acomoda a las circunstancias sin presumir de fama. Por el contrario, ha encontrado en cada espacio rutinario una válvula de escape para vivir momentos intensos. Sin complejos emplea el SITP, disfruta Transmilenio, no se estresa con los trancones de Bogotá y ordena su tiempo para entregarse a su esposo, hijos, familia, amigos y actividades sociales y de carácter humanitario con un amor puesto a prueba en este capítulo de infortunio.

El epílogo de su historia y la adversidad de la situación escribirá con mayúsculas que los verdaderos amigos están para ayudar en las buenas y en las malas, y que las amistades como las plantas se deben cultivar para recoger los frutos que le eviten llegar al precipicio del olvido.

 

1 Comentario

  1. Adriana mujer valiente q no se doblegó ante la adversidad

    Me gusta escribir poesía y se q ella escribe también me encantaría leer lo que ella escribe
    Amanda

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